martes, 8 de abril de 2014

Cultura en Buenos Días UMH

Cada martes llevo mi sección cultural a  Buenos Días UMH, Magazín de la Radio de la Universidad Miguel Hernández de Elche.  
Os dejo el de hoy!

http://radio.umh.es/files/2014/04/080414-Programa-MAGACIN.mp3

viernes, 4 de abril de 2014

Entrevista a Cristina Fenollar, actriz alicantina



"Cambié los apuntes y la facultad de psicología por las tablas del teatro"


La artista afirma que el 21% de IVA en la cultura afecta más al sueldo de los actores que al precio de las entradas

 “Si hay algo claro en
esta profesión es que
todo acaba, nunca
sabes si volverán a
llamarte”




Fuma unos cigarrillos finísimos y largos, que recuerdan a los que Hepburn sostenía entre los dientes. Se arrellana con nerviosismo en el sofá de su caserón en el barrio antiguo de San Gabriel, escondido entre callejuelas. Cristina Fenollar (Alicante, 1965) estrena No abras a nadie en cuestión de días. Una obra cargada de humor y tejemanejes familiares y psicológicos. Fenollar es una madre histriónica, histérica, frágil y temperamental, con altos tacones de aguja y collares de perlas. 

Pregunta. En No abras a nadie interpreta a una madre autoritaria del siglo pasado. ¿Cómo se preparó para este papel?
Respuesta. Prepararme para este personaje fue sencillo, hice lo que estaba escrito, con algunos matices. Con los personajes autoritarios y malhumorados hay que tener cuidado, porque puedes crear antipatía al espectador, y ese es un grave error. Por eso le he dado un punto de locura y fragilidad.

P. Entonces, ¿no suele recurrir a sentimientos internos para dar vida a sus personajes?
R. No suelo hacerlo excepto cuando debo plasmar emociones muy fuertes, porque es algo muy peligroso. Recuerdo que una vez lo hice y me quedé bastante tocada.

P. Cine, teatro y televisión. Usted ha tocado los tres, ¿cuál prefiere?
R. Teatro, televisión y cine. Me quedo con ese orden.
 
P. ¿Cree que el actor aporta nuevos matices a la obra?
R. Malo será si eso no ocurre. En No abras a nadie tenemos la suerte de que Paco Sanguino es absolutamente flexible y un autor con poco ego. El actor acaba introduciendo elementos nuevos en la obra, esa es la magia. Siempre respetando el texto establecido, por supuesto.

P. ¿Desde cuándo tuvo claro lo de ser actriz?
R. Me gusta desde siempre, pero nunca me lo planteé, lo veía poco serio, y más en Alicante. Siempre quise ser psicóloga. Cuando estaba a punto de entregar los papeles en la universidad, me dije: "No. Voy a ser actriz". Cambié los apuntes y la facultad de psicología por las tablas del teatro. Mi padre estuvo dos años sin hablarme.

P. También hace usted monólogos. ¿Lo prefiere al teatro?
R. Para nada. Eso es solo un frente profesional más. Cuantosmás frentes abiertos tengas, más posibilidades hay de vivir de esto. Ahora mismo lo que me da de comer son los monólogos, los que llevo a bares y cafeterías y la publicidad que cobro por los que tengo en Internet.

P. ¿Qué ocurre con el 21% de IVA en la cultura?
R. Por culpa del 21% me vine de Madrid. No afecta tanto al precio de las entradas, sino a los sueldos de actores y las productoras, hace que llenar un teatro sea muy complicado. El fútbol y los toros tienen un 6%. ¿Por qué?

P. El oficio de actor se convierte entonces en pura supervivencia.
R. Eso ha sido así toda la vida. Es un trabajo inestable, no hay ningún actor, aunque sea conocidísimo, que pueda asegurarse el pan. Si hay algo claro en nuestra profesión es que todo acaba, nunca sabes si te llamarán o no.

P. Hace unos años grabó Estados alterados Maitena, que se emitía en La Sexta. ¿Qué ocurrió con la tercera temporada, que quedó sin emitir?
R. La tercera temporada son 65 capítulos que están grabados y pagados. Nadie sabe por qué no se han emitido aún, fue en un momento en que La Sexta y Antena 3 se estaban fusionando y quizá tenga relación.

P. ¿Qué nuevos proyectos tiene?
R. Estoy preparando un monólogo con El Club de la Serpiente, compañía de Paco Sanguino.

P. ¿Su mayor reto?
R. Vivir de esto hasta bien viejecita. Con eso soy feliz.

jueves, 3 de abril de 2014

Entrevista a Jorge Manzanares



“España necesita conciencia social sobre las enfermedades mentales”

Investigadores de la UMH descubren genes comunes en cerebros de personas con comportamientos suicidas

“Los científicos no
trabajamos por el
dinero, sino por la
pasión y curiosidad
de descubrir”

Un grupo del Instituto de Neurociencias de la UMH, junto con el Instituto de Medicina Legal de Alicante y la Universidad de Castilla La Mancha, ha descubierto genes relacionados con la conducta suicida.
El estudio, encabezado por Jorge Manzanares (Madrid, 1959), profesor de Farmacia en la UMH, ha investigado durante siete años sobre cerebros de personas que se han suicidado.

Pregunta. Ustedes han descubierto el “gen suicida”.
Respuesta. No exactamente. Nosotros hemos descubierto que una cantidad pequeña del gen Cannabinoide 2 en el cerebro supone una mayor vulnerabilidad hacia el estrés, la ansiedad y la depresión, alicientes del suicidio. Por el contrario, una cantidad mayor de ese compuesto conlleva más resistencia al estrés y la ansiedad.

P. ¿Significa esto que el ser humano está determinado a padecer depresión de forma genética, de nacimiento?
R. No. El hecho de que este gen se exprese menos en el cerebro no es una cuestión puramente genética, puede deberse a las vivencias de las personas. La depresión, el estrés o la ansiedad tienen un alto componente genético, como todas las enfermedades, pero también un alto porcentaje ambiental.

P. ¿Cómo afecta este estudio al desarrollo 
de nuevos fármacos?
R. Es muy pronto para saber eso. Nosotros creemos que, si hemos descubierto que una menor cantidad del gen Cannabinoide 2 lleva relacionado un aumento de la ansiedad y la depresión, la solución radica en crear fármacos para aumentar la medida de este componente.

P. Suena sencillo.
R. Suena sencillo, pero no lo es. Desde que se descubre algo hasta que se crean productos farmacéuticos transcurren entre 10 y 15 años y se invierten muchos miles
de millones de euros. Nosotros no entramos en eso, es tarea de las compañías farmacológicas.

P. En cuanto a la financiación, ¿es suficiente el presupuesto que otorga el Gobierno a la ciencia?
R. En absoluto. El porcentaje de PIB español dedicado a la ciencia y la investigación es de un 1%. Está muy por debajo de la media europea, y en los últimos años se ha reducido entre un 30 y un 40%.

P. Otro problema grave es la llamada “fuga de cerebros”.
R. Sin duda. Muchos científicos válidos se están marchando a otros países. España está llena de jóvenes capaces, pero la investigación requiere muchos sacrificios a cambio de poca retribución económica. Los que trabajamos en ciencia trabajamos por pasión, vocación, por la curiosidad de descubrir algo nuevo, no por dinero.

P. Usted trabajó en la Universidad de Michigan. ¿Qué diferencias hay entre la investigación en EEUU y en España?
R. Hay bastantes diferencias. La inversión económica en materia científica es mucho mayor en los Estados Unidos. Hay donaciones privadas de particulares y empresas, y la población está mucho más concienciada acerca de la importancia de la investigación científico-médica. En España no hay conciencia social sobre el tema.

P. Queda mucho camino por recorrer, entonces. ¿Qué soluciones plantea usted?
R. Sin duda, queda mucho por hacer. No solo desde el punto de vista de investigación y ciencia, sino de educación y concienciación social. Necesitamos una
normalización sobre las enfermedades mentales. Hay personas que consideran a una persona adicta al alcohol y a las drogas como un sinvergüenza, cuando realmente es una persona enferma. Si no se reconoce que algo es una enfermedad, ¿cómo puede encontrarse una cura?

Hola de nuevo

Debido al escaso tiempo del que dispongo normalmente, me es bastante imposible escribir en este blog. Mi vida diaria está plagada de documentación, entrevistas, reportajes y mucha radio. ¿Por qué no mostraros todas esas cosas, aquí también? Creo que es buena idea. Allá van algunas de ellas.

sábado, 21 de diciembre de 2013

El lobo enseña los dientes



“Creo que esto es una novedad muy relevante que me atrevo a calificar como un auténtico avance histórico” fueron las palabras que el actual ministro de Justicia Alberto-Ruiz Gallardón empleó ayer para definir la reforma de la ley del aborto que ha propuesto el Partido Popular, por la que se prohíbe a las mujeres españolas decidir sobre su continuación del embarazo, a no ser que cumplan una serie de supuestos ambiguos que aún no han quedado del todo establecidos. 


Gallardón ha resurgido de las tinieblas políticas con un renovado esplendor: como un lobo con piel de cordero que ha sacado los dientes. El bueno de Gallardón, el menos conservador del Partido Popular, el más “cercano” a la izquierda dentro de su ámbito… El lobo con piel de cordero ha acabado por acobardar a todas las ovejas del rebaño metiéndolas en el mismo redil, para que se mantengan calladitas y sin rechistar. No importan las circunstancias personales de cada una de ellas, pues su única labor es la de ofrecer buena leche y lana, y corderos para procrear la especie. Simple mercancía.


Hubo un tiempo, treinta años atrás, en que las mujeres debían aventurarse al “método ogino” para evitar posibles embarazos, pues los preservativos –y qué decir de las píldoras anticonceptivas- eran negocio prohibido y contrabando vecinal. Era menester recoger dinero de la beneficencia con tal de pagar un vuelo a Londres, las más afortunadas, pues muchas otras se dejaban la vida en un cuchitril de mala muerte en las manos de cualquier alcahueta inexperta. Hoy, treinta años después, volvemos a las andadas franquistas.


No soy partidaria del aborto. De hecho, dudo ser capaz de someterme a ello si me encontrara en la situación. Pero soy partidaria de que cada una organice su vida de acuerdo a sus posibilidades, partidaria de la tolerancia y la libertad de decisión, a fin de cuentas, partidaria de que cada mujer haga lo que le dé la gana. No soy partidaria del aborto, pero me resulta asqueroso que el lobo con piel de cordero sea quien decida por mí. Y por ellas.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Sobre mentes

Por fortuna o desgracia, un elevado número de aquellos que decidimos estudiar periodismo, lo hacemos por y para escribir. Tenemos alma de creadores, contadores de historias, en fin, simples lunáticos. Mentes imaginativas, repletas de vida. Por otro lado, encontramos a todos aquellos que se decantan por el periodismo deportivo, modalidad para los que encuentras aspirantes a patadas, que llenan las aulas, en especial, las de primer y segundo año. 


Pero no me centraré yo en esta ocasión -y posiblemente en ninguna otra- en mencionar a los que acabo de citar, sino que dedicaré estas líneas a desgranar las aventuras y desventuras de los creadores, nombrados unos versos más arriba. Un aspirante a escritor percibe historias que contar en todo lo que ve. Podemos afirmar, pues, que afronta su cotidianidad de la mano de su visión más literaria del mundo. Quizá esté sentado en la típica y cansina parada del autobús, y, al contemplar una mujer levemente fuera de lo "normal" o lo que la sociedad establece como tal, es capaz de crear, de forma inconsciente, un microcuento, artículo o incluso novela corta a partir de ella. Este, no obstante, es un ejercicio agotador, en el que la mente llega, al final del día, a confundir ficción con realidad, plasmándolo en sueños extraños y siniestros, en muchos casos. Un sujeto como el que acabo de describir puede convertirse, pues, en un pobre desgraciado. 

Muchos pensarán, y es así en gran parte, en la facilidad que posee un tipo de esta envergadura en una profesión y vida como la dedicada al periodismo. Pues bien, no es oro todo lo que reluce, he de decir. Es cierto que la capacidad imaginativa de la que debe gozar -siempre- un periodista, queda suplida por nuestro personaje, y ello le ubicará en un punto privilegiado a la hora de ejercer su profesión. Sin embargo, resulta infinitamente complicado para nuestro amigo, más aún en su pleno apogeo estudiantil, establecer los límites -como bien hemos comentado con anterioridad- entre realidad y ficción. 

Queda aquí ilustrado en un ejemplo. No es lo mismo escribir (...)El precioso pastor alemán, de gran tamaño y pelaje oscuro, casi negro, se zambulló en las bravas aguas del río, rodeado por un paisaje de verdes chopos y juncos salvajes, rescatando, de esta forma, a la pequeña niña de apenas cuatro años, en un estado de gravedad dentro de la estabilidad, que a punto estuvo de perecer a manos de la fuerza de la corriente... Que plasmar (...) La niña, que a punto estuvo de morir ahogada, fue salvada por un perro. Nuestro compañero está contándonos la misma historia, pero con grandes diferencias literarias. En el primer caso, el acontecimiento queda totalmente literalizado, dando así al lector la impresión de encontrarse leyendo un relato. En el caso opuesto, sintetizamos exponiendo el suceso creando algo tan simple como A = A. Y punto final.

Lo correcto, lo adecuado, en el marco jurídico lo legal pero no legítimo, consiste en expresar las noticias de acuerdo a la segunda opción. Debemos ser claros y simples, decantarnos por la momentaneidad, dar con la simpleza léxica y mental, al fin y al cabo. Quizá, si los diarios se asemejasen más a un conjunto de relatos cortos que a un escrito tan simple como apocalíptico, la población dedicaría algo más de su oro particular a leer, formarse y cultivarse. Pero este es, al fin y al cabo, mi criterio, como futura periodista. Por lo pronto nuestro personaje debe dejarse los cuernos en su intento por amedrentar, pues eso, su capacidad imaginativa, su ingenio, su creatividad, su ser, al fin y al cabo. 

domingo, 1 de septiembre de 2013

Sobre mierdas

El otro día pisé una gran mierda de perro. Ocurrió así: caminaba yo por la acera sorprendiéndome, precisamente, de la cantidad de excrementos que veía desparramados por el suelo, cuando, de pronto, noté cómo mi pie se deslizaba ligeramente por el pavimento, y una masa caliente se metía entre mis dedos y por dentro de mi sandalia. Es imaginable y comprensible el ataque de histeria que se sobrevino después: el pie y el zapato lleno de mierda, precisamente cuando me dirigía a una comida familiar -no familiar mía, sino de mi pareja-. La cosa no podía ir mejor. Más tarde, tras pedirle un pañuelo a una señora que pasaba por allí, señora que comenzó a blasfemar sin ningún reparo, Todas estas de los perros son unas guarras de cuidado, aumentando mi mala hostia, conseguí caminar con dedos pegajosos y malolientes.

Pues bien, anoche mismo, me disponía a pasear a mi perra. En una mano el móvil y los auriculares, del brazo colgada una gran bolsa de basura -para variar- y en la otra mano Bella, tirándome desesperada por salir. Un pequeño caos rutinario. Cuando estaba a punto de entrar al ascensor, me percaté de que no llevaba ninguna bolsa atada a la correa, y pensé: ¡Bah! no importa, que cague entre los matorrales, nadie se dará cuenta si es de noche. Pero entonces, algo se despertó en mi mente, haciendo que me replanteara la situación. 

Como si de uno de esos momentos de dibujo animado se tratase, mi yo más demoniaco me susurraba en el lado derecho de mi cabeza, instándome a que me fuera sin las bolsas, ya que el ayuntamiento de esta nuestra ciudad invierte grandes cantidades de dinero en dispensadores que siempre tiene vacíos, además de que muchas personas nunca recogen las cacas de sus perros mientras yo lo hago siempre como una pringada, para después acabar eso, pringrada, de la mierda que otros no han querido recoger. Por otra parte, mi yo más angelical me instaba a hacer lo correcto, ya que el día anterior había padecido un acontecimiento escatológico provocado por lo que en ese mismo instante yo estaba a punto de ignorar. En resumen, sentí como si Dios, desde los cielos, me pusiera a prueba de la forma más absurda posible. 

Esta mañana, mientras escribía esta anécdota, pensé que tal vez sería provechoso convertirla en un artículo, artículo con forma de historieta, en lugar de escribir de nuevo sobre Bárcenas, la supuesta bajada de impuestos de Mariano Rajoy el próximo año, el nuevo sistema de becas que acaba de entrar en vigor o la decisión de Barack Obama de intervenir militarmente en Siria; información o desinformación sobre la que muchos de vosotros estaréis hastiados. 
Por eso mismo, y para empezar bien este nuevo mes, yo me decido a intervenir en esa corriente de noticias calcadas y repetitivas, contandoos una anécdota tan rutinaria como la vida misma. Tal vez un día os hable sobre mi nueva receta de macarrones, sería interesante alternarlo con un artículo sobre la nueva ley de custodia compartida.
La decisión que tomé yo anoche la dejó a vuestra libre imaginación, así como qué habríais hecho vosotros en mi lugar. En vuestro lugar yo caminaría por la calle mirando el suelo con detenimiento.

jueves, 1 de agosto de 2013

Duro de pelar

El pasado fin de semana tuvo lugar en el Teatro Principal de Alicante un acto esperpéntico, fuera de lugar, una broma de mal gusto. Si recurrimos al diccionario de la Real Academia Española, obtenemos las siguientes acepciones de la palabra esperpento o lo que es lo mismo, esperpéntico:  
1.  Hecho grotesco o desatinado.
2.  Género literario creado por Ramón del Valle-Inclán, escritor español de la generación del 98, en el que se deforma la realidad, recargando sus rasgos grotescos, sometiendo a una elaboración muy personal el lenguaje coloquial y desgarrado.
3.  Persona o cosa notable por su fealdad, desaliño o mala traza.

Pues bien, el sábado 27 de julio, una cantidad considerable de espectadores contemplamos, horrorizados, el terrible espectáculo que se desarrollaba ante nuestros sentidos, tras habérsenos prometido una experiencia irrepetible, una fusión impresionante de coreografía sobre hielo acompañada de los mejores musicales de la historia, por la que habíamos pagado cantidades considerables -las entradas oscilaban entre los 18 y los 30 euros-. Broadway on Ice, se hacía llamar. Nada más lejos de la realidad. Ya el comienzo fue pobre e improvisado, los músicos realmente perdidos, nos mirábamos los unos a los otros asustados ante lo que iba a acontecer, no necesitábamos mucho más que tal comienzo para esperar lo peor.

Durante las dos horas siguientes, fueron apuñaladas clásicas canciones de musicales como Jesucristo Superstar, El fantasma de la ópera, Fama, Moulin Rouge, Grease, Dirty Dancing, Mamma Mia, Flashdance, además de interpretaciones como Moon River y algunos temas de Queen. Todo ello de la mano de cantantes bastante mediocres, con voces pobres y poco trabajadas, entre los que destacaron una tal Rebeca Pous, que posteriormente reconocí como aquella cantante de los años 90 que solía escuchar en mi infancia más temprana, de éxito efímero, que ha protagonizado recientemente un cutre anuncio de neumáticos. Los patinadores, saliendo del paso sobre aquella placa minúscula de dudosa procedencia, -desde luego, no parecía hielo- trabajaron una coreografía sin ninguna gracia, de poca elaboración, con una descoordinación brutal, llegando, en ocasiones, a andar en circulos, a través de la pista.

Otro aspecto destacable fue el ridículo y ostentoso vestuario que se gastaban, repleto de brillos y colores -demasiado- vistosos, vestuario que iba reduciéndose conforme el asunto perdía -aún- más calidad. Tan fuera de lugar resultó, que, durante la osadía hacia Queen, un hombre de chaleco abierto y pelo en pecho, nos deleitó portando un grotesco bigote. Un inglés funesto y malsonante, mujeres mayores bailando y cantado las coplas de su juventud, un hombre mayor bastante excitado a mi lado era lo que me rodeaba. 

Tengo otro recuerdo anecdótico en mente, un chiquillo de unos doce años, sonriente, en la cola antes de entrar, dijo a su madre: "Mamá, es la primera vez que vengo al teatro". Pobre criatura.

sábado, 20 de julio de 2013

Pequeños sufridores


   La situación española en lo que a divorcio se refiere es nefasta y prehistórica, al parecer, hasta un futuro no muy lejano, pues el ministro de Justicia Alberto-Ruíz Gallardón pretende imponer un plan de reformas para este aspecto, fomentando la custodia compartida. Y, dada la inmundicia que rodea al Partido Popular en las últimas semanas –aún más si cabe, desde que llegó al poder- una noticia como esta no es sino un alivio, un soplo de aire fresco entre la fetidez. Ya que me parece de un paletismo poco recomendable centrarse tan solo en la negatividad de los populares, en el hondo pozo al que están sumiendo a España, y ya que comentarios como este los hay a montones diariamente, llegando a aburrir al personal, hoy me centraré en los aspectos positivos que nos pueda traer este gobierno, y este, considero es uno de ellos.

  Desde que se aprobó, por segunda vez desde la Segunda República, la ley de divorcio durante el gobierno de Felipe González en el año 1981, se ha descuidado e ignorado los intereses más puramente básicos de aquellos que sufren la peor parte: los más pequeños. Desde siempre, cuando se producía el divorcio entre un matrimonio con hijos en común, los niños quedaban a cargo principal de su madre, que, además, tenía derecho a la vivienda de ambos, y a una manutención alimenticia mensual por hijo que el padre debía pagar religiosamente. Así, el hombre queda desterrado como un perro, fuera de su hogar, su casa, sus hijos, a los que solo podrá ver, normalmente, dos fines de semana al mes, según estipule el juez de turno. La situación, pues, de estos señores, no puede ser más deprimente. 



Con esto, hemos tirado del hilo de lo “natural” y lo “biológico” de la forma más burda, dando por hecho algo tan “evidente” como que, los hijos, al provenir de las entrañas de la madre, al criarse durante meses dentro de esta, necesitan de sus cuidados, que consideramos más “imprescindibles” que los que pueda aportar el padre en cuestión. Analicemos tal absurdez señores, es de espanto. Hemos aceptado el tópico –fundamentado, quizá, en siglos anteriores- de que el divorcio se produce por ese “padre cabrón” que descuida sus obligaciones, no ayuda en la casa, pone los cuernos e incluso maltrata a su mujer o sus hijos. Damos por hecho, en muchas ocasiones, que esa separación se produce debido a la mala conducta de este hombre, basándonos en situaciones pasadas, en comportamientos e ideales obsoletos, que hemos “arrecochinado” y no dejamos marchar. 

  No concebimos la idea de que, tal vez, el pobre desgraciado sea un buen hombre, trabajador, preocupado por sus hijos, al que su mujer “putea” con este tipo de favoritismo legal, negándole la visita a sus hijos, haciendo de su vida  una ruina, cobrándose con la ley, su propio despecho. Basta ya. Pensemos, por una vez, en los más afectados, esas criaturas que al final, siempre cargan con los males adultos.